Publicado en Pedagogía activa

A veces, un juego sencillo dice mucho de cómo se sienten nuestros alumnos.

Por Aquil·les Rubio, profesor de Aire Libre.

Los primeros días: volver a encontrarnos como grupo

Durante la primera semana en Aire Libre ponemos en marcha nuestro Plan de Acogida. La vuelta a clase después de casi tres meses de vacaciones, la llegada de alumnado nuevo o el regreso a una nueva rutina nos piden reencontrarnos como grupo y afrontar estos primeros días desde una mirada que no sea estrictamente curricular. Por eso, los dos primeros días organizamos con cada grupo distintas actividades, juegos y dinámicas, que terminan con una salida a la playa con todo el alumnado de Secundaria.

El juego del termómetro

Una de las actividades que planteamos con uno de los grupos fue el termómetro. En el patio, porque combinamos el exterior con el aula, les hacemos una serie de preguntas sobre su verano. Cuando la respuesta es un sí, o están de acuerdo, se colocan en un espacio; cuando es un no, o están en desacuerdo, se colocan en otro. En medio dejamos también un espacio para quienes tienen dudas, no lo ven claro o no quieren responder.

No son preguntas profundas; se trata de romper el hielo: ¿he leído un libro este verano?, ¿he viajado al extranjero?, ¿he visitado un museo? El alumnado se va moviendo hacia el sí o hacia el no. Algunos rápidamente, otros con desgana, y otros no escuchan la pregunta y simplemente siguen a sus amigos…

«¿Me he enamorado este verano?»

Cuando hacemos esta pregunta se produce un movimiento muy interesante. El alumnado que ya estaba en el no por la pregunta anterior se queda allí, y la mayoría de quienes estaban en el sí se van desplazando hacia el no. Entendemos que no se han enamorado —tienen entre 14 y 15 años— o que, si lo han hecho, no quieren mostrarlo a los demás. O, al menos, no al profesorado que está presente.

Una chica se queda sola en el sí. Ni al profesorado ni al resto de compañeras nos sorprende: sabemos que tiene pareja y que la relación es estable. Pero cuando se ve sola en el sí, y observa al resto en el no, se queda sorprendida. Mira a su alrededor, nos mira a los profesores, mira a sus compañeros. Sentimos que está un tanto desconcertada. Su respuesta, sincera, honesta y natural, la sitúa en una posición incómoda: es la única que está en el sí. Poco a poco se mueve, avanza, vuelve a mirarnos y se desplaza hacia el no.

La fuerza del grupo en la adolescencia

¡Qué importancia tienen los iguales en la adolescencia! Los valores compartidos en el ámbito familiar y en el escolar se desdibujan. No desaparecen: pasan a un segundo plano y volverán más adelante, en otras situaciones. Pero en el patio, delante de los compañeros, preferimos no sentirnos expuestos, señalados. La individualidad, la posibilidad de quedarse solo, la propia convicción (¡estoy enamorada!) dejan paso al anonimato, al juicio de los iguales, al poder del grupo.

Lo que nos enseña un juego sencillo

El juego propuesto es trivial, intrascendente en su planteamiento, pero nos revela las dudas, las inseguridades y los conflictos que atraviesan cada día a nuestros alumnos y a nuestros hijos. No hay que desfallecer ni perder la esperanza ante elecciones que, como adultos, podemos considerar ilógicas o incomprensibles. ¿Por qué te has ido al no si estás enamorada? Quizá no haya una sola respuesta.

Para nosotros el camino educativo está claro: seguir reforzando las convicciones propias, la autonomía personal, la expresión emocional y el respeto hacia los demás, hacia sus decisiones y sus circunstancias.

Lo sembrado en la infancia y cultivado con constancia en la adolescencia florecerá más pronto que tarde.

Si queréis conocer de cerca cómo lo vivimos, tenemos siempre las puertas abiertas: podéis solicitar una visita a Infantil o a Primaria y ESO.

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