Aire Libre, una escuela en la que se puede aprender, sentir y pensar

Cada día trae sorpresas y nuevos retos, y en Aire Libre nos abrimos a ellos con flexibilidad y alegría. Creemos que los niños y niñas aprenden de cada momento: de una conversación en la alfombra, de un juego en el patio, de un cuento compartido o incluso de un vaso de agua que se derrama.

Nuestras aulas y patios son escenarios de descubrimientos que invitan a pensar, sentir y compartir. La vida cotidiana se convierte así en el mejor proyecto educativo, porque despierta la curiosidad natural y ayuda a crecer en autonomía, creatividad y confianza. En este proceso, los niños se sienten protagonistas y parte de una comunidad que aprende y crece unida.

La escuela se convierte en un lugar de encuentro placentero, vivo y amable

Con el acompañamiento cercano de sus maestras y el respeto a sus ritmos de adaptación y libertad, los niños y niñas se sienten arropados y con confianza. Poco a poco, la escuela se convierte en un lugar seguro donde empezar a crecer, descubrir y desarrollarse plenamente.

En Aire Libre damos importancia a lo esencial: cada niño como persona única, el grupo como comunidad, las relaciones que se crean y la inclusión del mundo afectivo de todos ;niños, familias y maestros.

En Aire Libre aprendemos…

Una escuela con capacidad de cambio

En Aire Libre entendemos la educación como un proceso vivo y en constante evolución. Por eso prestamos atención a lo que de verdad importa: el niño como persona única, el grupo como comunidad, las relaciones y la inclusión del mundo afectivo de todos —niños, familias y maestros—.

El juego, la exploración, la creatividad y la autonomía son pilares de nuestro día a día, junto con los distintos lenguajes expresivos: la poesía, el cuento, el teatro, el lenguaje corporal, plástico y no verbal. A través de ellos, los niños descubren nuevas formas de comunicarse, pensar y sentir.

Somos una escuela con las persianas abiertas: a las noticias que traen los niños, a los comentarios de las familias, a las nanas de los abuelos y a todas las ideas que enriquecen la vida escolar. Así, mantenemos un ambiente en el que la curiosidad, la búsqueda y la convivencia se convierten en aprendizajes compartidos, llenos de música, risas y vida cotidiana.