A veces, las grandes ideas nacen de situaciones muy sencillas.
Cuando piden ayuda antes de intentarlo
El curso pasado, una situación cotidiana en el aula nos hizo detenernos. Ante una propuesta de trabajo, observamos algo que, aunque quizá ya habíamos visto en otras ocasiones, esta vez nos llamó especialmente la atención: a nuestro alumnado le cuesta, cada vez más, enfrentarse a un reto sin buscar inmediatamente la respuesta o la ayuda del adulto, a pesar de que desde nuestro modelo pedagógico se fomenta el trabajo a partir del propio descubrimiento y del análisis del error.
Ante una dificultad, una duda o una tarea que requiere pensar un poco más allá de lo conocido, aparece a menudo la necesidad de preguntar: «¿Cómo lo hago?», «¿Está bien así?», «¿Me ayudas?». Y detrás de estas preguntas empezamos a ver algo que iba más allá de una simple necesidad de ayuda: la creciente dificultad para tomar la iniciativa, probar, equivocarse, buscar alternativas, crear, tomar decisiones y confiar en las propias posibilidades.
Lo que nos preguntamos en el claustro
Trasladamos esta situación al claustro, y nos llevó a conversar, compartir experiencias y reflexionar en equipo. ¿Cómo es posible que, aunque ofrecemos suficientes oportunidades para que nuestro alumnado piense por sí mismo, nos busquen cada vez más? ¿Por qué ese miedo a probar, equivocarse y volver a empezar? ¿Cómo podemos acompañarlos sin resolver por ellos aquello que pueden llegar a resolver solos? ¿Cómo podemos conseguir que, ante un reto, no aparezca primero el miedo al error, sino la curiosidad por descubrir qué puede pasar?
De esta reflexión nace nuestro tema anual: Pensamos, creamos, resolvemos… ¡Nos ilusionamos!
Cuatro verbos, un mismo proceso
Cuatro ideas que entendemos como diferentes momentos de un mismo proceso.
Pensamos
Porque aprender no consiste únicamente en encontrar una respuesta, sino en hacerse preguntas, observar, relacionar, plantearse posibilidades y buscar caminos.
Creamos
Porque queremos reafirmar el valor de la imaginación, de las ideas propias, de las diferentes maneras de hacer y de la capacidad de construir algo que antes no existía.
Resolvemos
Porque los retos forman parte del aprendizaje. Queremos que nuestro alumnado se enfrente con seguridad a las dificultades, utilizando estrategias, perseverancia y autonomía, entendiendo que equivocarse también forma parte del camino.
Nos ilusionamos
Y finalmente, porque queremos despertar aquello que es esencial: las ganas de aprender, de descubrir, de intentar cosas nuevas y de sorprendernos con todo aquello que somos capaces de hacer.
De «No sé hacerlo» a «Voy a pensar cómo puedo hacerlo»
No pretendemos que nuestro alumnado deje de pedir ayuda. Al contrario. Queremos acompañarlos para que aprendan a pedirla cuando la necesiten, después de haber pensado, probado y buscado posibilidades. Queremos pasar de «No sé hacerlo» a «Voy a pensar cómo puedo hacerlo».
Esto no es cosa de un curso. Esto forma parte de lo que somos y de lo que queremos seguir siendo como escuela. Es una manera de entender la educación y de acompañar a nuestro alumnado. Este curso, sin embargo, queremos ponerlo en el centro y hacerlo más visible, porque vivimos en una sociedad que nos lleva a ir demasiado deprisa y que deja cada vez menos espacio para aquello que necesita tiempo: pensar, probar, equivocarse, volver a intentarlo, buscar otros caminos y descubrir por uno mismo de qué somos capaces.
Y quizá, precisamente por eso, ahora más que nunca necesitamos reivindicar estos espacios. Necesitamos confiar en los niños y niñas, darles tiempo, dejarles tomar decisiones y permitirles experimentar, aunque eso implique que no siempre lo hagan como nosotros lo haríamos. Porque cuando nos adelantamos constantemente, sin darnos cuenta, les quitamos oportunidades para aprender; pero cuando confiamos en ellos y ellas y les damos el espacio necesario, les ayudamos a construir autonomía, iniciativa, creatividad y confianza en sus propias capacidades.
Escuela y familia: confiar, esperar y dejar espacio
Esto es una responsabilidad compartida: escuela y familia podemos caminar en la misma dirección, ofreciéndoles oportunidades para pensar, crear, probar, equivocarse y descubrir. Porque detrás de cada niño y cada niña que se atreve a intentarlo hay un adulto que ha confiado lo suficiente como para dejarle espacio.
El reto es compartido: confiar, esperar y dejar espacio. ¿Nos acompañáis en este camino para descubrir, junto a ellos y ellas, todo lo que pueden llegar a hacer?
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