Siempre hemos entendido que los viajes y las excursiones forman parte esencial de nuestra manera de enseñar. No son un premio, ni una actividad complementaria. Son parte del trabajo a realizar. Por eso no se hacen al final de curso como recompensa, sino como experiencia compartida que se relaciona directamente con las materias trabajadas en el aula.
Cada año, todos los alumnos y alumnas del cole —sí, ¡todos!— se van de viaje. Desde los más peques de 1º de Primaria hasta los mayores de 4º de ESO. ¿A dónde? A la granja escuela, a Banyeres, a Londres, a la Sierra de Madrid… Pero lo curioso es que, al volver, el destino suele ser lo de menos.
Porque lo que realmente importa son las historias que traen de vuelta:
Los viajes escolares en Aire Libre no son un premio de fin de curso. Son parte del aprendizaje. Se programan como una experiencia educativa que se conecta con las materias trabajadas en el aula y que transforma al grupo y a cada alumno. Suelen durar entre 3 y 5 días, dependiendo del curso, y se viven intensamente desde el primer momento.
Los tutores lo dicen siempre: “Tras el viaje, el grupo es otro. Ha cambiado.” Y es que cuando el grupo cambia… es porque cada alumno ha cambiado.
Durante estos días fuera del entorno habitual, los niños y niñas aprenden a organizarse, a convivir, a gestionar sus emociones y a descubrir nuevas formas de relacionarse. Son experiencias que dejan huella y que forman parte esencial de nuestra manera de enseñar.
En Aire Libre, las fiestas no son solo momentos de ocio. Son también proyectos pedagógicos que nos permiten aprender, convivir y celebrar juntos. Actúan como motores de motivación y como hilos conductores que conectan contenidos educativos, emociones y vínculos.
Cada celebración —el 9 d’Octubre, Tots Sants y Halloween, la Festa d’Hivern, la Setmana de la Pau, Carnaval, el Día del Libro, el fin de curso…— marca el inicio o el cierre de una unidad didáctica. Ayuda a los niños y niñas a organizar su propio calendario, a entender el valor de lo simbólico y a participar activamente en la vida del centro.
Las fiestas se celebran con todos: compañeros y compañeras, profes, familias, personal del centro. Se preparan en grupo, se viven con emoción y se recuerdan como momentos clave del curso. Porque compartir también es aprender. Y en Aire Libre, aprender juntos es nuestra forma de hacer comunidad.
En nuestro centro entendemos la lectura como un tesoro que se comparte, no como una obligación. Por eso, en Secundaria no imponemos lecturas ni trabajos estereotipados. Cada clase empieza con un momento único: el profesor lee en voz alta, regalando literatura sin pedir nada a cambio.
Creemos que leer debe ser un acto libre, gozoso y transformador. Por eso:
El Plan Lector de Aire Libre es un proyecto colectivo y vivo, que crece año tras año gracias a la participación activa de profesorado, alumnado y familias. No es un documento cerrado, sino un proceso en constante construcción, que se alimenta del trabajo conjunto y se renueva con nuevas actividades, reflexiones y experiencias.
Apostamos por una lectura gozosa, libre de cuestionarios o exámenes, que permite sumergirse en mundos nuevos, despertar la imaginación y formar lectores críticos y comprometidos.
¿Qué es?
El Club de Lectura es un espacio abierto a alumnado, familias y docentes, donde se comparten lecturas, ideas y emociones. Cada encuentro es una oportunidad para descubrir nuevas voces, debatir temas relevantes y disfrutar de la literatura como experiencia colectiva.
¿Cómo funciona?